Este ha sido, o está siendo, el mejor verano en mucho, mucho tiempo.
Tengo vacaciones (15 días) por primera vez en cinco años y medio, sin embargo, no es a causa de ello el sentir este verano como uno de los mejores. Tampoco me he ido de viaje. Y el tiempo, aquí en Galicia ha dejado mucho que desear.
Hemos tenido a los niños con nosotros el tiempo que nos correspondía y la verdad es que los hijos, en vacaciones, son mucho más agotadores. Se aburren y tiran de uno todo el tiempo pensando que tenemos la misma energía que ellos. Por eso, cuando se van con sus otros progenitores, es como si te quitaran un peso de encima; el estado de alerta se apaga y cuerpo y mente se relajan.
El hijo mayor de mi pareja (todavía no me siento cómoda poniendo "mi hijo mayor" quizá porque me veo más como una buena amiga que como su madre, que ya tienen una) habló conmigo cuando le volvieron a tocar las vacaciones con nosotros (turnos de quince días) y menos mal, porque la realidad es que yo seguía enfadada por la desconsideración y estaba dispuesta a ignorarlo si no se disculpaba. Le dije que no entendía por qué no avisaba de que no iba a dormir en casa si él sabía perfectamente que si decía que iba a dormir en casa de algún amigo nosotros no le íbamos a decir que no... y que si estaba enfadada era por la preocupación que me había causado pensando que había tenido un accidente... que había sido desconsiderado por su parte no pensar en nosotros, en que nos preocuparíamos. La charla nos sentó bien a ambos y las vacaciones transcurrieron sin sobresaltos.
Este verano he batido mi récord de playa en los últimos años, lo cual es todo un milagro... ya no solo por mi, sino también por este tiempecillo que estamos teniendo. También he hecho alguna cosa que pensé que nunca haría. Nada grave sino más bien audaz, pero aún así no dejo de sorprenderme a mi misma. Y no debería sorprenderme... o sea, a estas alturas no debería sorprenderme mi capacidad para cambiar y adaptarme o renovarme.
El caso es que no solo es el mejor verano, sino que siento que es la mejor edad. Con los 40 he alcanzado un nivel de seguridad y bienestar conmigo misma (no solo mental, sino también físico) que ni de coña desearía volver a los 20, ni tan siquiera a los 30. Cuando me miro al espejo es cierto que espero con temor esa primera "pata de gallo", pero al mismo tiempo pienso "Chica, estás estupenda" y me sonrío a mi misma... es una buena forma de empezar el día ;)
Eso sí, hay algo que no se me va de la cabeza: el presente es continuamente pasado. El tiempo se va tan rápido que es casi como si no lo estuvieras viviendo y ya lo hubieras vivido... y sientes la necesidad de apurarlo al máximo pues cuando quieras darte cuenta ya no podrás hacerlo.
Así que hay que aprovechar el día e intentar que esté lleno al máximo de ratos placenteros, y a ello voy a ahora... a hacer la compra, nada placentero, pero cuanto antes cumpla con las obligaciones, antes llegará mi tiempo para el placer :)
Besos y feliz fin de semana!!


