sábado, 12 de agosto de 2017

Contigo...

Yo que no quiero pensar y él pensando todo el tiempo. Yo, que adoro el silencio, y él que le cuesta callar. Yo que quiero fluir, y él quiere controlar. Yo que no necesito nada... nada más...

Lo miro a los ojos y no hacen falta palabras. Solo eso, mirar el cielo de su mirada, me basta para saber...  para sentir. Hablan más los ojos que párrafos que llenan libros. Quiero que lea en mi mirada tanto como yo leo en la suya. Que comprenda que el ahora no se piensa; se siente, se vive, se respira; que la mente le impide a uno disfrutar la realidad. Que comprenda que un espacio minúsculo puede ser el universo entero, y sentir esa inmensidad, esa maravilla de lo que está sucediendo. Esas estrellas llenando el cielo, ese mar en calma igual que mi alma... calma interrumpida por sus preocupaciones, cuando no hay que preocuparse, sino ocuparse sintiendo el momento, admirando el momento, amando el momento.

No existe el pasado. No existe el futuro. Cariño, solo existes tú, solo existo yo, y este instante que nos regala la oportunidad de conectar juntos más allá de los sentidos. Sentir la paz, la armonía, el amor... la comunicación no verbal... Yo quiero hablarle a tu alma con la mía. Quiero trasmitirte que todo está bien... que puedes descansar a mi lado, relajarte, porque todo está en su lugar.

No tengas miedo... solo déjate llevar. Todo es como tiene que ser, y siempre es lo mejor. No se puede controlar la corriente que lleva el río al mar. Deja que tu cabeza descanse y que tu corazón tome el timón, y entonces, seguramente, descubrirás por qué me gusta tanto perderme más allá... contigo.

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