lunes, 24 de julio de 2017

¿Qué nos pasa?

Exigimos a los grandes poderes mundiales y a nuestros políticos una labor y una perfección en ella, que nosotros, como individuos, no somos capaces de realizar en nuestros hogares y familias.

¿Cómo puede cambiar el mundo para mejor, si nosotros no cambiamos para mejor? ¿Cómo puede cambiar el mundo para mejor si se prefiere culpar siempre a los demás en vez de hacerse cada uno cargo de su responsabilidad?

Para que el mundo cambie, primero uno debe examinarse a sí mismo. Después examinar los problemas de su familia. Y a continuación los problemas que ve en su entorno más cercano. Y preguntarse ¿qué hago yo para que esta situación mejore?... culpar a los políticos, culpar al poder económico… y a menor escala, culpar a los demás… echar balones fuera… eso es lo que se hace en general… una inmensa mayoría.

Y llega ese día en el que uno está hasta las narices porque se siente totalmente impotente. Solo es uno. Uno solo no puede hacer nada. Y aunque habla, aunque escribe, aunque hace… uno solo no puede cambiar nada. Sabe que hay otros que son iguales… pero que el número sigue siendo tan pequeño, que la conciencia del bien común no da tomado forma.

Observa como en las propias familias hay poderes económicos y por otro lado, la crisis económica de gran parte de sus miembros. Observa como las propias familias son capaces de no ayudarse entre sí. ¿Y se pretende un gobierno justo que solucione el país y con ello nuestra vida?... El gobierno es un reflejo de lo que sucede en el individuo, en las familias. La familia es el primer sistema de todos.

A los que les va mejor juzgan a los que les va peor considerando que es que ellos se lo han buscado de una u otra manera. Y todo Dios en su zona de confort, mirando solo por su propio bien. Mientras, en el mundo hay todo tipo de miseria, pobreza, dolor, hambre, guerras…

Los que nos mostramos solidarios con nuestro entorno en la medida que podemos, aun por encima somos vistos como los raros… los tontos. Y es que no hay que ser solidario, hay que desconfiar siempre del prójimo… hay que pensar primero en uno mismo, ah… mejor dicho, hay que pensar primero en la familia… en satisfacer lo que la familia espera de uno… uno tiene que ser lo que la familia quiere que sea y además tener éxito en ello.

Estoy tan cansada. Me he examinado tanto a mí misma preguntándome qué es lo que hago mal. Estoy tan cansada de que cuando soy positiva obtenga comentarios negativos estereotipados, reflejo de la mierda de sociedad que somos… reflejo del gran egoísmo que poseemos. Reflejo de que sigue importando más lo material y superficial, que nunca llenarán el gran vacío que padecen una inmensa mayoría de seres humanos.

El problema no son los políticos. El problema es que todo Dios piensa en tener cuánto más dinero mejor… por eso estamos gobernados por poderes económicos… son el reflejo de la suma mayoritaria de los miembros que ocupan este pequeño planeta. A la mierda el bien común… mejor mi  propio bien… así se piensa y así le va al mundo.

Y yo, ya no puedo más… El mundo ya me duele demasiado. Ya no soporto el dolor, el hambre, la miseria, la guerra que está acabando con la inocencia. Duele demasiado ver en tu entorno el origen de lo que ocurre en el mundo y no poder hacer nada más que algunos hechos e  intentar comunicar, para darte de bruces continuamente con la falta de conciencia… para oír siempre lo mismo: la culpa la tienen los demás.

La gente prefiere alimentar lo terrenal en vez de alimentar su alma. La gente quiere poseer más de lo que necesita para llenar el vacío que sienten por no alimentar su alma.

Y yo, que alimento mi alma, que colaboro en la medida que puedo para intentar mejorar mi entorno y con ello el mundo, tengo ganas de dejar de ser un yo para no tener que ver la mierda de sociedad en la que vivo; no tener que ver un mundo tan hermoso con el que el ser humano está acabando. Para no tener que oír más: la culpa la tienen los demás.

Porque los niños sufren y mueren. Porque los animales sufren y mueren. Porque la vegetación sufre y muere. Porque las formas más puras de vida, están pagando el precio de nuestro egoísmo.

Muchas veces deseo volver a ese momento en el que fui el espermatozoide más rápido y pegar un frenazo en seco.

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