viernes, 28 de julio de 2017

Mejor, no pensar...

Pensar últimamente me parece nocivo para mi salud. Mi sombra me está dando caña de lo lindo. E intento no pensar... intento salvarme de mis pensamientos que producen sensaciones inconvenientes.

Llevaba un tiempo leyendo filosofía todos los días, pero me parece que no es la mejor terapia antisombra. Tengo que cambiar de lectura. Algo teórico pero más positivo. O sino, no leer... realizar aquello que consigue que no piense: pintar, crear, y la meditación profunda.

Alguien dijo que el camino de la sabiduría es solitario... y no es que yo sea sabia, pero en mi intento por serlo, me he vuelto todavía más solitaria. Hace falta mucho tiempo a solas para aprender, para leer a los sabios, para investigar las propias conclusiones a las que vas llegando, para experimentar, poner en práctica, y para sumergirte en tu interior. A eso hay que añadirle mi vocación artística, que también es de carácter solitario.

Mi vocación es la que consigue que mantenga el equilibrio cuando estoy en la cuerda floja. Y estoy en la cuerda floja en este momento.

Se dice que los artistas somos hipersensibles. Yo no sé si se puede medir la sensibilidad de las personas... porque dicen que la procesión va por dentro, y quien menos te imaginas, puede llevar todo un tormento en su interior.

En mi caso es cierto que le doy vueltas al existencialismo... que veo el mundo en general... y se me cae el alma a los pies, consciente de tanto sufrimiento y dolor, hambre y miseria, guerras que hay en el mundo. Seres inocentes víctimas de ello... y cuesta... cuesta ser positivo. Sin irme tan lejos, veo a la gente cercana y sé que sufren (aunque la frasecita diga que es opcional)... sufren animales... sufren niños... sufre el planeta.

Y me pregunto el por qué de la existencia humana. El planeta estaría genial sin nosotros.

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